Es que estamos inundados de violencia, y no logramos encontrar "la" causa.
Creo que son tan variadas que nunca encontraremos la respuesta,
lo que agrava aún más la situación, porque
de tal forma aparece como primera impresión que "deberemos
acostumbrarnos".
No estoy entre aquellos que pretenden conservar.
Tampoco entre esos tibios que nada les importa mientras
no les toque de cerca. Igual que la sociedad toda.
Se trata entonces
de barajar y dar de nuevo.
¿Pero bajo cuales reglas?. ¿Las nuevas, las viejas, o las que
nunca se cumplieron?. ¿Se trata de sancionar e imponer el respeto?. ¿Se
tratará solamente de ajustar clavijas?.
Algunos Clubes tratan por todos
los medios de imponer las reglas no escritas y las normadas, pero
los esfuerzos se esfuman.
Y esas normas nacen de la cultura de nuestro deporte, y se inculca
desde los inicios. Creo que allí está la clave. Los
domingos, en los encuentros de rugby infantil, podemos observar
que ninguna de las soluciones que aparecen serán válidas
en el tiempo.
Entrenadores que pierden su compostura, padres que
creen saber más del rugby que sus propios hijos, dirigentes
que miran para otro lado, y niños que tratan de hacer lo
que les gusta: jugar y divertirse. Basta con mirar esos chiquilines
ilusionados y felices de jugar, tratando de pasar mejor la pelota,
de avanzar en el campo de juego, de mejorar su tackle, en definitiva,
de divertirse y de hacer mejor las cosas que para ellos (los únicos
protagonistas) son importantes. También esto sucede con
los juveniles y ahora también se suman los planteles superiores,
la misma problemática, la misma falta de soluciones.
Puede ser que el rugby haya cambiado.
Puede ser que nos duela a
los que guardamos recuerdos imborrables de otras épocas.
Puede ser que la sociedad toda esté desequilibrada.
Pero podemos mejorar, es cierto. Y debe nacer en
cada uno de los que somos partícipes del
juego.
Como dice mi compañero entrenador, respeto.
Debemos respetarnos. Y no hacen falta más reglas para cumplir.
El rugby es un juego de señores, y
los señores de bien
se respetan.
Quien no quiera entenderlo deberá sin
más, retirarse
de la actividad.
Las personas violentas no pueden ni deben
participar del juego del rugby
Ni como jugadores, ni como
dirigentes, ni como entrenadores, ni como simpatizantes, ni como
padres que observan jugar a sus hijos.
Los violentos deben quedarse
en sus casas o elegir otra actividad.
El rugby no es un juego de violencia inescrupulosa.
Es un juego donde la facultad humana que más se utiliza
es la inteligencia.
A través del tiempo conocí muchos
excelentes jugadores, y siempre los mejores, fueron los tipos
que tenían mejor
visión de la cancha, que tomaban decisiones acertadas, que
corriendo menos jugaban más, que no se golpeaban ni golpeaban
a nadie, en definitiva, los que más se divertían.
Nunca los mejores fueron los que mas insultaron, los que más
pegaron, ni los más irrespetuosos. Sobran los ejemplos en
nuestro medio.
Hace algún tiempo, un compañero entrenador,
mirando los chicos de minirugby tratando de pasar la pelota hacia
atrás,
decía con simpatía: Qué más les podemos
pedir, si es tan difícil jugar al rugby!!!. Y porque es
tan difícil, es que solucionar sus problemas también
es complicado.
Propongo volver a las fuentes, educar en
el respeto.
Enseñar que la plenitud en este deporte es
jugar, divertirse, bien o mal, pero jugar. Y que los que
están
enfrente son amigos, no adversarios. Que vamos
a jugar muchos años juntos, no en contra. Que
cuando mayores, esos "adversarios" pueden ser buenos
amigos, o mejores conocidos.
Saber que si no tuviéramos
al otro equipo enfrente no
podríamos jugar, que hoy jugamos gracias a que ellos
existen, y por lo tanto debemos respetarlos,
como nos gusta que nos respeten. Y así en
todas las órbitas.
Debemos entender, que tanto los clubes,
como los dirigentes, jugadores, entrenadores, padres, simpatizantes,
etc., no tendríamos
razón de existir si no tuviéramos nuestros pares.
Porque si seguimos con la violencia y
continían los
inadaptados ocupando espacios, un día cualquiera,
vamos a tener el mejor club, los más aptos dirigentes, los
mejores jugadores, los entrenadores más capaces, cientos
de padres y simpatizantes... pero, en "las otras cincuenta",... no
va a haber nadie.
Luís Ibañez
Liceo Rugby Club
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